Escucharle hablar acelera mi corazón.
Es como si todos estos años hubiera vivido sin vivir,
Hoy más que nunca estoy seguro de que le he encontrado;
aquel del que mis abuelos me contaron que llegaría.
¿Cómo puede ser posible que ahora lo tengo frente a mí,
que puedo hablar con él y escucharle responder?
Cuando me lo preguntó, sin pensarlo contesté:
"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente"
¿Cómo podría dudarlo si su presencia invade mi ser?
¿Dudar cuando sus palabras sacian mi sed?
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