Escucharle hablar acelera mi corazón. Es como si todos estos años hubiera vivido sin vivir, como si todo lo aprendido de pronto se reduce a nada, como si una venda en mis ojos empieza a esfumarse. Hoy más que nunca estoy seguro de que le he encontrado; aquel del que mis abuelos me contaron que llegaría. ¿Cómo puede ser posible que ahora lo tengo frente a mí, que puedo hablar con él y escucharle responder? Cuando me lo preguntó, sin pensarlo contesté: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" ¿Cómo podría dudarlo si su presencia invade mi ser? ¿Dudar cuando sus palabras sacian mi sed?
antes tenía muchos sueños, hoy tengo 2 hijos.